Razones del por qué le tememos a la oscuridad

Razones del por qué le tememos a la oscuridad

 

De niños le tememos a la oscuridad y eso no es más que la incomodidad hacia lo desconocido, lo oculto. Y si creías que solo en la etapa infantil se vive esta fobia, pues es uno de los temores más comunes en adultos.

Los científicos han revelado que son rasgos evolutivos los que nos hacen ser desconfiados ante lugares sin luz. Teorías señalan que es un miedo innato que nace en la época que la humanidad no era mayor depredadora como en tiempo actual, por ello, y lentamente, construyó el miedo para subsistir a los predadores nocturnos.

Razones del por qué le tememos a la oscuridad

Temerle a la oscuridad es una condición innata

Ansiedad leve por oscuridad

Las personas demuestran una ansiedad leve, dicen médicos que realizaron un amplio estudio sobre el tema, una ansiedad que no es exclusiva del pánico, sino que es una forma muy pequeña de estar alerta. Es un estado que nos impulsa a luchar o huir del peligro de ser necesario.

Tener miedo a sitios oscuros y propiamente a la oscuridad, demuestra  que nuestra imaginación es capaz de crear hasta los peores escenarios. Antiguamente temíamos a depredadores felinos y otros animales, pero ahora en la modernidad ellos evolucionaron a monstruos que invaden nuestras ciudades.

Imaginamos monstruos porque llenamos el vacío de los depredadores. Un claro ejemplo de este miedo se refleja en las películas de terror, nunca te muestran directamente el monstruo dado que dejan a la expectativa de tu imaginación la imagen que percibimos. Lo creamos más terrorífico con nuestros pensamientos.

Teóricamente, no necesitamos este miedo para sobrevivir, pero aún sigue allí y no hay respuestas. Conjeturas psicológicas apuntan a que normalmente el miedo es una transferencia de nuestros antepasados que se alojan en la psique.

Por ello, si tú o alguien que conoces le teme a la oscuridad, ten presente que en cualquier etapa de la vida fue un rasgo de supervivencia que resguardó a los ancestros de la muerte. No se trata de cobardía, sino de una capacidad de adaptación ante las amenazas que se presentan.

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